Francia vivió este sábado su tercer fin de semana consecutivo de movilizaciones masivas, con una participación estimada por el Ministerio del Interior de 320.000 personas en todo el territorio nacional. La jornada, marcada por reclamos sobre el costo de la vida y el deterioro de la infraestructura educativa, registró un despliegue de 70.000 agentes de seguridad y concluyó con cerca de 300 detenciones, una cifra inferior a la reportada en los eventos de los dos sábados previos.
A pesar del carácter mayoritariamente pacífico de la marcha en París —la cual fue desviada a la periferia de la capital por orden gubernamental para prevenir disturbios—, se produjeron enfrentamientos durante la noche cerca de la Porte de Charenton. Grupos minoritarios lanzaron fuegos artificiales y botellas contra las fuerzas del orden, las cuales respondieron mediante el uso de gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. El Ejecutivo francés había implementado medidas preventivas adicionales, incluyendo restricciones de movilidad y un toque de queda para menores en zonas específicas, tras los episodios de violencia previos.
Impacto transnacional y demandas sectoriales
El descontento no se limitó a Francia; diversos países europeos experimentaron jornadas similares impulsadas por colectivos estudiantiles y sindicatos. En Alemania, la iniciativa ‘Gen Z regelt’ convocó actos en más de 30 ciudades. Si bien las protestas en Berlín se desarrollaron con énfasis en la precariedad de las instalaciones escolares, en ciudades como Colonia, Hamburgo y Fráncfort la situación derivó en altercados violentos que requirieron el uso de cañones de agua y equipo antidisturbios por parte de la policía.
- Portugal: Miles de personas se manifestaron de manera pacífica en Lisboa bajo consignas centradas en la crisis habitacional y el encarecimiento del acceso a la vivienda.
- Países Bajos: En La Haya, se desplegó un fuerte operativo policial ante temores de posibles saqueos, aunque no se reportaron incidentes de relevancia durante la jornada.
- Ejes del reclamo: Los manifestantes exigen mayores inversiones en servicios sociales, la resolución de deficiencias en las estructuras educativas —como problemas de insalubridad y falta de personal docente— y medidas efectivas contra la inflación que afecta el nivel de vida de la juventud europea.


